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"La Educación no es una profesión dirigida a quienes tienen menos competencia" afirma joven maestra del EPH

Santiago. - “Desde muy pequeña sentí esta vocación de servicio”. Con esta frase la docente, Luisa María Acosta define el amor y deseo de pertenencia que siente por la profesión que eligió y desempeña con esmero cada día.

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Escuchar a Acosta hablar de su labor es una inspiración hasta para quienes no se forman en Educación, pese a que es una de las maestras más jóvenes con que cuenta el Instituto Superior de Formación Docente Salomé Ureña, ISFODOSU, en el Recinto Emilio Prud Homme (EPH).

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“Ser maestro es tener capacidad de servicios, yo siento que esto es un ministerio”, expresa con franqueza.

Acosta nació en Moca y desde allí se trasladaba a Santiago para culminar sus estudios superiores.

Antes de esto, su familia le había sugerido que estudiara otra “profesión de mayor prestigio” cuando por alrededor del 2006 les comunicó que esa iba a ser su meta.

Sus parientes entendían que su excelente desempeño en el bachillerato y la educación primaria debían ser explotados en otra área.

Sin embargo, la vocación y visión que alberga sobre el magisterio terminaron llevándola a formarse al ISFODOSU.

“Yo les dije que me sentía llamada para ser maestra y que para ser maestro se necesitaban personas que realmente estuvieran capacitadas porque la educación no es una profesión dirigida a quienes tienen menos competencia porque por las manos del maestro pasan los demás profesionales”, reflexionó frente a sus familiares en esa ocasión.

Servir a sus demás compañeros como maestra cuando aún no había terminado el bachillerato y realizar un voluntariado en Cuba en el área docente afianzaron su amor por la carrera.

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Al igual que otros profesores, hoy, la joven imparte docencia desde el 2017 en el mismo Recinto donde estudió.

Previo a esto sirvió en el Programa de Escuelas Efectivas de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, así como docente en varias escuelas de Santiago, entre ellas la Emma Pérez en Pekín que es uno de los sectores más peligrosos de esta ciudad.

“En varias ocasiones me tocó quitarle navajas a estudiantes que iban armados a la escuela”, dice Acosta, quien recuerda que sus primeras experiencias en las aulas fueron muy retadoras.

La maestra fue la graduada de honor de su promoción y el tiempo ha llevado a demostrar a su familia que ella eligió lo que realmente le apasiona: formar a otros.

 

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